Me gusta viajar en el ritmo
de tu mano temblona y pequeña;
frente a la madurez evolutiva
de tus trazos primeros, tan tuyos,
me gusta descifrar en ellos
la luz inconfundible de tu inteligencia.
Es el antes, sin pausa en el tiempo
al que le ganaste mil carreras.
Es el después, canalizado en el espacio,
sorprendiendo el justo orgullo
de una madre satisfecha.
En las vacilaciones de tu primer cuaderno
y en los secretos de sus confidencias,
¡me gusta tanto destejer los sueños
que conformaron tu vocación de estrella!
Mami
Monte Grande, 1975