I
Dueño de paisajes de cumbre y sembradura;
fuerte sarmiento, de la vid soleada
que define en vino, el privilegio de soñar.
Enhiesto y sutil, tu seriedad se asoma
al grito del amor que te reclama.
Y construyes el límite azul de tu reino
donde, libremente preso de esta nueva lógica,
abres tu soledad, otrora inexpugnable,
y te das en la luz de una verdad.
La única verdad, absolución de los sentidos
que como el pan, da vida a la carne inicial.
Y tan seguro, tan firme, tan diamante,
vives la madurez de tu ritual,
libre como siempre, pero feliz, plural.
27 de septiembre de 1975
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