Abuelos Poetas


Cantos de Amor y Vida

YACENTE
A la memoria de mi padre

Parecía dormir; su cabellera
sedosa, plateada, reluciente,
aureolaba la marmórea frente
en la hora tristísima, postrera.

Ni un rayo de ese sol de primavera
que entrara juguetón por la ventana,
ni uno solo pudo esa mañana
traerle el beso de su luz primera.

En el cielo insistían todavía
como inquietas pupilas luminosas
fijadas en nosotros desde lejos,

las estrellas, y al verlas se diría
que esperaban divinas y amorosas
esa alma que volaba a sus reflejos.

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