¡Oh, tú, prolongación de mi existencia
y de un ensueño fruto prodigioso!
¿Vives en el mundo de la subconsciencia
o del saber el reino portentoso?
En tus ojos atentos o apáticos me abismo
y en tu parlar sin tino o en tu discurrir exacto,
te veo torpe o sabio y asisto estupefacto
a tan pasmosas contradicciones de ti mismo.
¿Concretarás lo que dos seres han soñado?
¿Serás la cabal superación de nuestras vidas?...
En ti ponemos las esperanzas más queridas;
en ti ha de florecer el ideal ambicionado.
Hermanados en el esfuerzo fecundo
→ A mi hijo Julio Víctor