Te acosaron los odios del salvaje
con su furor reconcentrado, fiero,
y aunque proscripto, errante o prisionero,
le venciste al fin con tu coraje.
Omnipotente en tu inmortal blindaje
—el blindaje inmortal de tu talento—
hiciste de tu hazaña un monumento
sobre la misma cruz del caudillaje.
Entonce allí, en la empinada cumbre
do fueras a plantar tus pabellones,
la entusiasta y altiva muchedumbre
al golpear las puertas de tu fama,
glorificó en sus vastas proporciones,
la irradiación de tu épico programa.
San Juan - 1911
Hermanados en el esfuerzo fecundo
→ Sarmiento luchador